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Archive for 10 agosto 2015


¿Por qué hoy en día se sigue exigiendo exclusividad sexual en la pareja?

Ésa es la pregunta que lleva en mi mente más de un año, y sobre la que he debatido internamente incontables veces. No tengo estudios en antropología ni en nada parecido, pero si hay algo me gusta hacer, es plantear hipótesis sobre el por qué el ser humano hace lo que hace. Y en muchas civilizaciones diferentes, el ser humano exige la “lealtad” sexual a tu pareja, degradando socialmente a la mayoría de los que rompen esta norma. Pero, ¿por qué? Pensando mucho he llegado a una conclusión, que si bien a mí me parece plausible, es también bastante probable que sea falsa. Si tú que lees esto tienes otra visión del tema, te agradecería mucho que me la hicieras saber.

En el pasado, antes de los métodos anticonceptivos eficaces, promover la promiscuidad habría causado probablemente un desmadre en cuanto al control de la población: Es posible que muchos hijos no hubieran sabido quiénes eran sus padres biológicos, lo cual, dependiendo de la cultura y el país, podría garantizarte ciertos derechos civiles y/o sociales o, al contrario, podría arrebatarte la posibilidad de alcanzar ciertos niveles de garantías sociales, como ya he dicho, siempre dependiendo de la civilización de la que estemos hablando. Todo esto sería quitando motivos éticos y morales que dependen de la persona individual.

Por el contrario, promoviendo la pareja sexualmente monógama y haciendo que la misma sociedad se encargue de juzgar moralmente a quien se salga de esta conducta, consigues una población en la que es más fácil controlar quién es hijo de quién, evitando problemas ya no sólo morales o éticos, sino judiciales: por poner un ejemplo, no me imagino un sistema de herencias sin testamento en una sociedad en la que muchos no saben de quién es hijo.

Pero luego llegamos a la época actual, año 2015: hoy en día tenemos suficientes medios como para controlar la fecundación en una pareja de hombre y mujer heterosexual (ni que decir tiene que las siguientes líneas también van a incluir a aquellos tipos de relaciones en las que la fecundación por métodos tradicionales no es posible, como pueden ser las homosexuales, por poner un ejemplo). Sin embargo, aun contando con muy buena tecnología anticonceptiva, la sociedad está lejos de liberarse de la (en mi opinión) lacra de la exclusividad sexual en la pareja.

Querría que constase que aquí no sólo me refiero a cómo la religión ha influido en este tema: entiendo que el papel que ésta ha jugado es determinante en muchas civilizaciones, incluyendo a la España en la que me he criado. Muchas de las vertientes del cristianismo, entre otras religiones, han respaldado la idea de que un matrimonio fuera del convencional (hombre/mujer monógamos) es “pecado”, lo cual da motivos suficientes para que quien no siga ese canon, se sienta culpable, ya no sólo por incumplir la ley de su Dios, sino por ser responsable de enviar el alma propia al infierno tras la muerte. Creo que el debate sobre cómo la religión ha influido en la visión monógama de la pareja daría para escribir varios libros, por lo cual no me extenderé en el mismo.

Venimos de una tradición que generalmente, como ya he mencionado, premia moralmente a quien es monógamo en la pareja y no tiene sexo con nadie más fuera de su pareja. Es de entender que cueste mucho deshacer ese entramado moral en una sociedad que tan arraigada está a sus costumbres. Esto, pienso yo, genera sentimientos de opresión y frustración en muchas personas que querrían poder disfrutar de un placer tan hermoso como es el sexo con otras personas fuera de su pareja, pero que a su vez sienten amor por su pareja y no querrían abandonarla por este motivo. Y para esto no es necesario que tu pareja no sea sexualmente lo activa que uno querría: yo pienso que es simplemente humano que alguien, en la brevedad que es la vida, quiera liberar su deseo sexual por las personas hacia las que lo siente. Si por los motivos que sean, una persona no quiere sexo más que con su pareja, pues me parece estupendo, pero igual de estupendo me parece que alguien que siente deseo sexual por otras personas pueda expresarlo abiertamente y, de haber consenso, llevarlo a cabo.

De esta falta de entendimiento, pienso yo, que surgen las llamadas “infidelidades”. Todos hemos oído de alguien que le ha sido sexualmente infiel a otro alguien, y hemos oído esas historias contadas con un tono vejatorio hacia la persona que ha cometido la infidelidad, sin pararse a pensar en el porqué esa persona, normalmente con pleno control de sus facultades, decidió romper el contrato social y ser sexualmente infiel a su pareja. Motivos habrá tantos como infidelidades, y cada persona sabrá (o no) por qué ha hecho lo que ha hecho pero, en mi opinión, este motivo sólo no debería ser suficiente para considerar a alguien menos válido como ser humano ni como pareja.

Yo, como hombre y como persona individual, no sólo pienso y razono, sino que también siento, y eso que siento es una parte fundamental de mí: no quiero cambiar lo que siento, ni quiero hacer a nadie cambiar su manera de sentir. Soy una persona que, como muchas otras, puede amar a alguien disfrutando cada momento con esa persona y eligiéndola para compartir la vida. Sin embargo, aunque antes yo no fuera así, hoy en día siento que podría perfectamente satisfacer mis deseos sexuales con terceras personas en momentos en que la relación fuera forzada a ser a distancia, sin llegar a sentirme culpable por ello. No lo he hecho nunca, por la mera razón de que odio (y me es imposible) mentir, pero me parecería maravilloso un mundo en que hablar con tu pareja acerca de la posibilidad de tener otras parejas sexuales momentáneas fuera algo natural y concebible a nivel general, y donde lo raro fuera sentir miedo a perder tu pareja por el mero hecho de mencionar el tema.

Mi visión personal del todo esto es que tener pareja no debería incluir el control sobre el cuerpo de la otra parte. Yo pienso que cada uno de nosotros es un cerebro que usa un cuerpo para su supervivencia y disfrute a través de procesos muy complejos y que poco a poco tratamos de entender. Somos la cúspide actual de la evolución. Somos átomos que son capaces de hacer preguntas muy complejas y, a veces, incluso de responderlas. Somos materia que se entiende a sí misma, partículas ordenadas de forma casi milagrosa que tienen conciencia de sí mismas y de su entorno. Teniendo todo el texto anterior en cuenta, vuelvo a preguntar: ¿por qué hoy en día sigue siendo tan tremendamente importante la fidelidad sexual? Espero sus respuestas.

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